La incorporación de las TICs en la sociedad y en especial en el ámbito de la educación ha ido adquiriendo una creciente importancia y ha ido evolucionando a lo largo de estos últimos años, tanto que la utilización de estas tecnologías en el aula pasará de ser una posibilidad a erigirse como una necesidad y como una herramienta de trabajo básica para el profesorado y el alumnado.

En el mundo contemporáneo, donde gracias a
las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) emerge cada
día una nueva innovación, la educación se enfrenta al reto de utilizar
apropiadamente estas herramientas y vincularlas de manera efectiva y con
sentido a los procesos de enseñanza-aprendizaje.
A pesar que existen algunos escépticos
que consideran innecesaria la inserción de recursos digitales en las
escuelas, otro grupo de personas considera que dichos instrumentos
proporcionan grandes fortalezas para el desarrollo de competencias en
las instituciones educativas. Desafortunadamente, parte de los
incrédulos ante la tecnología en la educación son maestros, por lo que
se debe buscar la manera para incluir a aquellos maestros que no están
preparados para el cambio vertiginoso.
Un ejemplo de estas herramientas son las
comprendidas dentro de la Web 2.0, una faceta de la Red que se concentra
en la participación del usuario y en los contenidos que este produce.
Dicha arista de Internet, puede ser muy bien aprovechada y orientada por
los educadores para potenciar las habilidades que requieren sus
estudiantes para su futuro: resolución de problemas, pensamiento
crítico, toma de decisiones, por sólo mencionar algunas.
Del mismo modo, para que dichas
estrategias puedan ser llevadas a cabo, es necesaria la infraestructura y
conectividad que haga posible establecer los canales de comunicación
profesor- estudiante, profesor-profesor, estudiante-estudiante. Esto,
sin dejar por fuera a los padres de familia. Para lograr lo anterior,
se sugiere crear un ambiente que le facilite a toda la comunidad
entender el cambio por el que atraviesa la educación tradicional, donde
el aula escolar se extiende hacia el exterior y debe estar acorde con
las nuevas generaciones.
Los actores educativos y sus roles
también necesitan cambios en los paradigmas para lograr una educación
activa y creativa que impulse nuevos retos de formación y actualización.
Más allá de tal o cual recurso, es importante reflexionar sobre las
necesidades de los estudiantes y hacia dónde apuntan los planes
educativos digitales. ¿Qué metodología utilizar? ¿Cuáles son las mejores
actividades didácticas? ¿Qué ambientes son los apropiados para
estimular el aprendizaje? Son un ejemplo de los interrogantes que deben
ser resueltos antes de abordar un currículo digital.
Es el momento para acercarse a una ruta
de uso y apropiación de las tecnologías de la información que permita
crear criterios y adquirir el compromiso de avanzar en procesos
pedagógicos, que respondan a la calidad educativa y faciliten a los
estudiantes crear mejores vínculos.
Desde esta perspectiva, las tecnologías
de la información y la comunicación se convierten aliadas positivas para
fortalecer la investigación y el conocimiento en proyectos donde la
enseñanza y el aprendizaje se centran en el estudiante. Esto, implica
una transformación de las metodologías educativas en donde los
profesores necesitan comprender la necesidad de unirse a los cambios con
el fin de establecer mejores condiciones de aprendizaje en los
estudiantes, a través del aprovechamiento de las TIC. Más allá de
herramientas y recursos, este tipo de sinergias son ideales para
propiciar en los profesores dinámicas innovadoras que mejorarán su
desempeño como docente.






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